Los mejores huevos rotos de Casa Chema

La yema de huevo es la mejor salsa del mundo. Asumimos como dogma de fe esta contundente sentencia, que proviene del mejor cocinero y visionario gastronómico del mundo, Ferrán Adriá, para crear un plato que es un puro placer del principio hasta el final: un verdadero homenaje al huevo.

El huevo frito con patatas es uno de los platos más populares del mundo, por socorrido, sencillo, nutritivo y, por qué negarlo, suculento. Lo disfrutan los niños cuando apenas aprenden a trinchar las patatas y se convierten en ‘best sellers’ en las cartas de numerosos restaurantes, que hacen de los huevos rotos santo y seña de sus locales y del tapeo informal.

Huevos rotos hemos cocinado y comido muchos y por ello nos propusimos un reto: hacer los huevos rotos más ricos del mundo. Buscar la excelencia gastronómica en las recetas sencillas es todo menos simple pero el resultado acostumbra a merecer la pena. Con los huevos ocurre como con las croquetas, aperitivo recurrente en los restaurantes de alta cocina, que han sabido convertir en objeto de culto a base de técnica y cuidado de la materia prima un producto antaño vulgar.

Los Huevos de Pita Sana, puro sabor, fueron nuestra inspiración. Proceden de una producción ecológica en Boal y cocinar con ellos es garantía de éxito. Forman parte de nuestro cachopo, declarado en el Salón Gourmets como el Mejor Cachopo de España elaborado con Tenera IGP y brillan junto a los ‘arbeyos’ de la finca La Huerta, en Puerto de Vega.

La clave para disfrutar de los huevos rotos está, más allá en la calidad de todos los ingredientes, en el punto de la yema. Su explosión y el baño de color extendiéndose sobre las patatas es el preludio de un buen festín. La pena, que siempre se queda corta. Soñábamos con una yema tan grande que bañara todas las patatas, que permitiera mojar sin límite, entregarse sin reparos al placer de rebañar con pan y disfrutar de la mejor salsa del mundo.

Por eso a nuestros huevos rotos con jamón, los huevos rotos más ricos del mundo, les acompaña una jarrita de yema cocinada a baja temperatura que vertemos sobre el plato, convirtiendo en realidad el sueño. Las patatas, que proceden de fincas de nuestro entorno y que freímos en aceite de oliva virgen, brillan bajo su untuosa influencia.

Los huevos, por otro lado, también son soberbios. Los fríe a base de toda una vida de experiencia nuestra guisandera Joaquina Rodríguez. La clara envuelve la yema, que permanece líquida, turgente, intacta. Un pecado.

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